El misterio bajo la mayor iglesia gótica de la Cristiandad

Misterios bajo la catedral de Sevilla

Quizás alguna vez has tenido la ocasión de caminar por lugares que nadie ha pisado antes, o al menos desde hace siglos. Habiendo nacido y crecido donde lo he hecho, he tenido la suerte de profundizar bajo capas de historia en el subsuelo de mi propia ciudad, y un crisol de misterios bajo la Catedral de Sevilla acompaña al visitante desde el primer momento.

Y lo que se siente es al tiempo misterioso e inquietante… Y también fascinante. Desde necrópolis musulmanas hasta antiguas termas romanas, iglesias visigodas, mezquitas, vestigios de ciudades que ya no existen. Que haya ambientado la primera novela de Martín Veloy y Mada Jover donde lo he hecho no es casualidad. Es casi necesario.

De Profundis. Tras las huellas de los siglos.

Los misterios bajo la Catedral de Sevilla que nadie puede ver

La mayor iglesia gótica de la Cristiandad no se encuentra en Roma, ni en Estambul (la antigua Constantinopla). Tampoco Londres, París, o la monumental Moscú. En una ciudad relativamente pequeña, al sur de España, se alza una auténtica joya de la arquitecutura que combina estilos, épocas y hasta religiones distintas.

La Catedral de Sevilla es la iglesia gótica más grande del mundo. Eso lo saben todos los que compran una entrada. Lo que no aparece en ningún folleto es que ese edificio descomunal — con sus 126 metros de largo, sus 83 de ancho, sus 68 bóvedas ojivales — no se construyó sobre terreno limpio. Los misterios bajo la catedral de Sevilla se remontan a siglos de antigüedad, mucho antes de que los muros sagrados se alzaran sobre la ciudad.

En 1172, el califa almohade Abu Yaqub Yusuf ordenó levantar en Sevilla la mezquita mayor de Al-Ándalus. Las obras duraron 26 años. Cuando terminaron, en 1198, el resultado era uno de los conjuntos religiosos más ambiciosos del mundo islámico medieval: un patio monumental, una sala de oración de proporciones colosales, un alminar que durante siglos fue la torre más alta de Occidente.

En 1248, Fernando III conquistó Sevilla. La mezquita se convirtió en catedral provisional. Y en 1433, el Cabildo tomó una decisión que define hasta hoy el aspecto de la ciudad: en lugar de construir una catedral nueva en otro solar, decidió levantar el templo gótico exactamente encima, heredando literalmente el contorno y los cimientos del edificio islámico.

Lo que no demolieron sigue ahí abajo.


Lo que los arqueólogos encontraron bajo el Patio de los Naranjos

Durante siglos, nadie supo exactamente qué había bajo el suelo del patio que los turistas cruzan cada día para entrar a la Catedral. La respuesta llegó hace pocos años, cuando una serie de excavaciones arqueológicas en el Patio de los Naranjos confirmaron algo que los historiadores sospechaban pero no habían podido verificar.

Bajo ese suelo existen dos aljibes islámicos del siglo XII — depósitos de agua construidos para abastecer las abluciones de los fieles — junto con una galería subterránea compleja diseñada para su desagüe.

No son accesibles al público. No forman parte de ninguna visita. Están ahí, a pocos metros bajo los pies de los dos millones de personas que visitan la Catedral cada año, en perfecto silencio.

Pero los aljibes no son lo más inquietante de lo que hay debajo.


El mihrab que nadie ve

Hay misterios bajo la catedral de Sevilla que se remontan a cuando ni siquiera era una iglesia cristiana. La sala de oración de la mezquita almohade no fue demolida cuando se construyó la catedral gótica. Fue enterrada bajo ella. Sus muros, su orientación, su estructura física siguen presentes bajo la nave central del templo cristiano.

Y con ellos, el mihrab.

El mihrab es el nicho sagrado de toda mezquita: el elemento arquitectónico que orienta la oración hacia La Meca, el corazón simbólico y físico del edificio islámico. El de la mezquita mayor de Sevilla — construido en el siglo XII, uno de los más importantes de Al-Ándalus — está localizado bajo la actual capilla de Nuestra Señora de la Antigua, en el interior de la Catedral.

Cada vez que alguien reza en esa capilla, lo hace sobre el punto exacto hacia el que rezaron los musulmanes de Sevilla durante setenta y siete años. Lo sepan o no. Lo quieran o no.


Tres religiones, el mismo suelo

La mezquita no fue el primer edificio sagrado en ese solar. Cuando los ejércitos árabes entraron en Sevilla en el año 711, encontraron una ciudad visigoda con sus propios templos. Las fuentes históricas mencionan en ese enclave una basílica llamada Santa Jerusalén y otra dedicada a San Vicente.

Más allá de la mezquita, hay misterios bajo la Catedral de Sevilla aún más antiguos. Probablemente, se asienta bajo una basílica visigoda. Y bajo la basílica, Roma.

Las excavaciones en el entorno inmediato han documentado estructuras romanas de la Hispalis del siglo I. La ciudad lleva dos mil años rezando en el mismo punto, cada vez con un dios diferente, cada vez enterrando al anterior bajo los cimientos del nuevo.

El suelo de la Catedral de Sevilla no es un suelo. Los misterios bajo la Catedral de Sevilla son una auténtica estratografía de la historia de la ciudad.


El callejón donde el diablo tenía calderas

A dos minutos a pie de la Catedral, en la calle Argote de Molina, hay un tramo que durante los siglos XVI y XVII los sevillanos llamaban el Callejón de las Brujas. El motivo: durante unas obras habían aparecido bajo el suelo unas calderas enormes, de hierro, junto a grandes cantidades de leña apilada. Nadie supo explicarlo. La conclusión más lógica para la época fue que allí se celebraban aquelarres, que el diablo en persona había instalado su cocina bajo las calles de Sevilla.

El misterio tenía una explicación. Tardó mil años en llegar.

Las calderas eran las de unas termas romanas del siglo I de nuestra era, abandonadas cuando los visigodos llegaron en el siglo V y olvidadas durante todo el período islámico. Lo que los sevillanos del siglo XVI interpretaron como evidencia de brujería era, en realidad, el sistema de calefacción del agua de un balneario romano.

La ciudad lleva siglos pisando cosas que no sabe nombrar.


Lo que todavía no se ha visto

En 2024 concluyó la restauración exterior de la Giralda tras siete años de trabajo. Durante esa intervención aparecieron algo inesperado: dibujos y croquis trazados por los propios constructores almohades en la piedra, ocultos durante ocho siglos bajo capas de mortero y cal. Nadie los había visto desde el siglo XII.

Lo que viene ahora es más profundo. Entre 2025 y 2027 está prevista una fase de restauración interior de la torre que incluirá, por primera vez en décadas, las cámaras internas — los espacios entre los tramos de rampa que nunca han formado parte de ninguna visita. Lo que los técnicos encuentren ahí no ha sido visto por ojos ajenos desde hace generaciones.

En un edificio como este, eso no es una obra de mantenimiento. Es una excavación en el tiempo.


Lo que Veloy y Jover encontraron en el mismo suelo

Cuando empecé a documentar El Expediente Colón, pasé muchas horas estudiando los misterios en la Catedral de Sevilla, los misterios bajo la catedral de Sevilla. La tumba de Cristóbal Colón — el punto de partida de la novela, el lugar donde Martín Veloy y Mada Jover encuentran lo que no debería estar ahí — está en ese mismo edificio, sobre esas mismas capas.

Escribir una conspiración ambientada en la Catedral de Sevilla no requiere inventar nada. El edificio ya es, por sí mismo, una acumulación de secretos en vertical: una mezquita bajo una catedral, una basílica bajo la mezquita, una ciudad romana bajo la basílica. Cada civilización enterró a la anterior y construyó encima sin preguntar demasiado qué había debajo.

Veloy y Jover hacen exactamente lo contrario: preguntan. Y lo que encuentran cuando empiezan a tirar del hilo empieza, como todo en Sevilla, en el lugar más inesperado.

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